ENCIERRO EN DUEÑAS
Si uno se propone viajar por España tiene mil y un destinos a escoger. Si lo que uno busca playa y descanso bajo los rayos solares puede desplazarse hasta
la Costa del Sol, a las playas de la hermosa Marbella o quizá quiera viajar hasta las Islas Canarias para alejarse del continente. Si lo que quiere es extraviarse en la noche inmediatamente puede pensar en las noches de Ibiza que a más de uno le gusta recrear en sus respectivos países. De repente es usted un bailarín empedernido y quiere confundirse en el carnaval de Tenerife. Quizá desee hacer algo más tranquilo como un inocente recorrido por las principales ciudades de España o a lo mejor resulta ser usted un amante del fútbol y puede esperar un par de veces al año a que se lleve a cabo el Derby Nacional en el Camp Nou o en el Santiago Bernabeu entre las escuadras del Barcelona y el Real Madrid. Pero quizá sea usted perteneciente a esa casta de insatisfechos mortales que encuentran a la vida aburrida y rutinaria y desean sentirse vivos arriesgándola de la manera más imprudente desde el punto de vista de un mortal común. Si usted es una de estas personas quizá le interese visitar un pequeño pueblo llamado Dueñas casi en el centro de España perteneciente a la provincia de Castilla y León. Y se preguntara usted qué lo puede llevar hasta allí. Pues la respuesta es un encierro de toros que se lleva a cabo como tradición en aquel pueblo. Ahí usted puede poner en juego todas sus habilidades y desafiar el peligro cara a cara y además de eso se encontrará con un pueblo pequeño de unos 3000 habitantes, de lo más acogedor. También encontrará monumentos turísticos como
La Iglesia de San Agustín con sus hermosos pinos frontales a manera de guardianes silenciosos o el palacio de Los condes de Buen Día o
la Ermita del Ojo e
La Virgen. No creo que usted pueda ser indiferente a
la Abadía Cisterciense de San Isidro de Dueñas o a
la Iglesia parroquial de Santa María de
la Asunción. Pero como digo el principal atractivo está en los encierros populares. Yo no soy de los que se consideran arriesgados y buscan que ponerle picante a su vida, tampoco me considero un mustio pero les puedo asegurar que fue la primera y última vez que participé en uno de estos encierros cuando me tocó visitar el pueblo de Dueñas.
Además que yo recuerde no preparé este viaje, ni siquiera lo consideré pero cuando menos me di cuenta ya estaba frente aun toro de 400 kilos tratando de esquivarlo. Mi amigo Diego fue quine me convenció para trasladarnos hasta esta localidad con motivo de las vacaciones de las que disponíamos en la universidad. Fuimos casi con lo que teníamos puesto encima, así de repentino fue el viajecito. A decir verdad cargamos una mochila cada uno y eso sí dinero más que suficiente para cubrirnos durante al menos un par de semanas. Llegamos evidentemente por vía terrestre y en pleno verano. Parecía un pueblo sacado de la época medieval, muy nostálgico, con mujeres muy hermosas y elocuentes en sus gestos. Eso me agradó. Nos esperaba un conocido de Diego quien gentilmente se ofreció a brindarnos alojamiento sin costo alguno, sólo la comida correría por nuestra cuenta, nosotros decidimos costearle las salidas nocturnas que diéramos, nos pareció lo más justo. Y así sucedió, esa misma mañana que llegamos hasta Dueñas nos instalamos en casa del amable Joaquín. El vivía tan sólo con su madre, una excelente cocinera cómo tendríamos oportunidad de comprobar, terminamos haciendo las tres comidas diarias en casa de Joaquín, obviamente nos encargamos de surtir su alacena en reciprocidad por sus buenas atenciones. Entonces el primer piso de su vivienda prácticamente pasó a nuestro poder por poco más de una semana, ahí se encontraba un cuarto desocupado que antes correspondía al hermano de Joaquín quien ahora se encontraba estudiando mecánica en Hamburgo. El primer día la verdad la pasamos descansando y conociendo a nuestros anfitriones, ahí nos hablaron un poco de la historia del pueblo y de su larga cola de antepasados que allí habían asentado desde hacía años atrás y en esas narraciones salió el tema de los encierros tan populares en esa localidad. Paré la oreja al igual que Diego y ahí mismo supimos que no podríamos abandonar Dueñas sin antes desafiar aunque sea un novillo. La gracia por poco y sale cara.