NO ME HABLEN DE TRENES
Hace poco conversando con un amigo acerca de viajes, destinos y alternativas de viajar con nuestro grupo de amigos de la universidad, tuvimos un recuerdo siniestro. Roberto sugirió: “y si viajamos en tren”. Inmediatamente le respondí, “ni me menciones esa palabra”. Me miró extrañado y me preguntó que si había algo de malo en eso y procedí a explicarle que mi mente, al escuchar la palabra tren, evocó las angustiantes horas que tuvieron que pasar los pasajeros del vuelo 292 cuando el “tren” de aterrizaje de su avión no funcionó correctamente.
Como se recordará hace un par de años una falla mecánica en un vuelo comercial que cubría la ruta entre California y Nueva York hizo peligrar la vida de todos los pasajeros a bordo del avión. La falla se circunscribía al tren de aterrizaje. Al parecer las llantas delanteras del avión no se habían replegado correctamente, eso indicaba la luz indicadora del tablero de control del piloto de la aeronave. Minutos después se pudo confirmar visualmente desde la torre de control del aeropuerto de Burbank en California que las llantas delanteras del avión habían ascendido pero no del todo, se habían trabado a medio camino formando un ángulo recto con el avión. Era innegable que había problemas y que el avión no podría aterrizar con normalidad. Habían pasado apenas unos quince minutos desde que el avión había despegado de California cuando recibió la confirmación de la noticia desde la torre de control, sin embargo los pasajeros ya se habían dado cuenta que algo no marchaba bien ya que su nave volaba en círculos, esta sospecha se convirtió en pánico cuando por las ventanillas del avión divisaron las pistas del aeropuertos plagadas de ambulancias y carros de bomberos. Nada bueno se presagiaba. Las estadísticas no son buenas respecto a los accidentes aéreos, cuando hay colisión o caída casi ningún ocupante se salva y los que se salvan generalmente quedan con fuertes secuelas, marcados de por vida.
El procedimiento en estos casos indicaba que lo más aconsejable era sobrevolar una pequeña zona en círculos. Esta maniobra debía hacerse hasta agotar el combustible de la nave para luego proceder a un aterrizaje de emergencia. Con esto se buscaba que minimizar los riesgos y las potenciales víctimas al eliminar la variable del combustible de la compleja ecuación que representaría ese aterrizaje. En el interior de la nave sin embargo el panorama era otro. La noticia se había filtrado a la prensa y el acontecimiento era transmitido en vivo por la televisión, los pasajeros podían ver su avión sobrevolando las aguas del Pacífico en círculos en tenso compás de espera. Algunos rezaban, otros lloraban. Muchos de ellos trataban de comunicarse por celular con sus familiares y amigos en tierra. Incluso se reportó el caso curioso de un pasajero que durante esas tensas horas se dedicó a ver programas cómicos en el monitor de su televisor. Pasado el tiempo y agotado el combustible el piloto de la aeronave se dispuso a efectuar el mejor aterrizaje de su vida, debía hacerlo sobre las dos llantas traseras y luego de haber recorrido un buen tramo así proceder a bajar la nariz del avión y rezar para que l tren de aterrizaje resistiera el impacto. Para fortuna de todos fue así y logró el aterrizaje planeado, el tren de aterrizaje de la nave resistió el impacto y la fricción con el asfalto de la pista hizo que se produjeran unas llamaradas y bastante humo. Afortunadamente el combustible había sido consumido previamente y no hubo material que se inflamara. No hubo víctimas que lamentar. Bien dicen los pilotos que cualquier aterrizaje del que se salga con vida es bueno. Lo que es a mi, no me hablen de trenes en un buen tiempo.
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